Clases de cocina personalizada

PAN TRENZADO TIPO KOILICH, TAN SABROSO EN RECUERDOS

Kolich, así lo llamábamos en Moisés Ville, mi pueblito natal, al infaltable pan trenzado de los viernes; estaban también los “bulkalaj”, unos panes grandes conformados por bollos que parecían unos globos dorados y crujientes, en dos filas de cuatro y pegaditos unos a otros; los “cornitos” (así llamaba a los cuernitos don Riveles el panadero); los “bollitos” que no eran bollitos (y no encuentro otro nombre, parecidos tal vez a las ensaimadas) pero eran riquísimos….Recuerdo que cuando íbamos a la escuela por la tarde pasábamos siempre por “lo de Riveles a  a comprar algo”, yo compraba en general un bollito dulce y un “cornito” salado…

El asunto es que mi amigo y coterráneo Enrique G. me invitó este fin de semana a su casa de la costa atlántica,en  donde festejaremos Navidad por supuesto, con la condición de que hiciera unos… “koilich”!

 Dentro de la tradición judía más conocida se prepara para el “kabalat shabat” de los viernes la “jalá”, un pan trenzado mucho más dulce que el referido koilich de mi infancia; lo recuerdo más bien saladito, con una miga muy blanca y liviana y la costra dorada y crujiente (y se me va haciendo agua la boca mientras escribo…).

Vaya una honra con mis modestos panes a aquellos “kolich” que aún perduran en la memoria de mi paladar, reviven bellos recuerdos de una bella infancia y dibujan, aquí y ahora, una sonrisa grande en mi rostro…(y otra más ahora que reviso lo escrito, mientras observo que también se me empañan los ojos, un poquito…)

 La receta entonces, para hacer unos  buenos “koilich”, aunque por supuesto no tan buenos como los de Riveles o Fistemberg, o Kurupatkin, los panaderos del pueblo de mi primera infancia,  con sus enormes, en mis ojos de niño, hornos a leña. Para 2  trenzas que cubren casi completamente una asadera grande de horno:

–      1 kg de harina 000 (común o de fuerza)
–  600 cc de agua
–    25 g de levadura fresca
–    50 g de manteca pomada
–      2 cucharadas de miel
–      1 cucharada colmada de sal
–      1 huevo para pintar
–         semillas de amapola para decorar ( los ” koilich originales” no tenían según me recordó mi amigo Carlos J. “el memorioso”, pero estoy seguro que hubieran llevado, de haber sido “económicamente” posible…)

En un bol mezclamos la mitad de la harina con la levadura, el agua y la miel y esperamos unos 30´ hasta que comience a espumar.

Agregamos el resto de los ingredientes, mezclamos, volcamos sobre superficie de trabajo ligeramente enharinada y amasamos por unos 15´ hasta obtener una masa suave y sedosa, añadiendo siempre la menor cantidad de harina posible.

Hacemos un bollo y dejamos levar en bol cubierto y pincelado con aceite hasta que doble el volúmen, unos 60´. Desgasificamos y repetimos la operación.

Encendemos el horno. Volcamos la masa sobre la superficie de trabajo, desgasificamos y dividimos en 6 partes iguales; las bollamos, cubrimos y dejamos reposar por 15´ a 30´.

Estiramos los bollos hasta obtener unos chorizos de aprox 50 cm de largo, efectuamos las trenzas sellando bien los bordes, pintamos con huevo, esparcimos por encima las semillas de amapola, colocamos en la asadera previamente enharinada, esperamos que seque un poco, cubrimos con un repasador y dejamos levar por 45´ en ambiente cálido y sin corriente de aire.

Llevamos a horno caliente (200* / 220*) y prehumidificado por unos 25´ hasta que las trenzas se vean bien doradas y su base suene hueca. Retiramos y dejamos orear sobre rejilla.

Me resulta particularmente grato escribir esta receta-con-cuentito-incluido, me siento muy agradecido a la vida de tener tan honrosa oportunidad…

9 respuestas

  1. Que emoción para quien , como yo compartió esa experiencia. No se que esta mejor, el relato o la receta. Por ahora disfruto con nostalgia de tus palabras , luego iré por el pan.Fa

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